En
1902 cuando Rufina festejaba sus 19 años, fue encontrada tendida en el suelo,
rígida, muerta. Un médico confirmó que había sido un sincope. Al día siguiente,
su madre junto a Hipólito Yrigoyen la sepultaron en la Recoleta. Días más
tarde, el cuidador de la bóveda de los Cambaceres, avisó que el ataúd de Rufina
estaba abierto y con la tapa rota.
La
versión oficial sugirió un robo, ya que la niña había sido enterrada con sus
mejores joyas, pero la leyenda cuenta que arañando y golpeando las paredes del
fénetro logró salir, pero las puertas de la bóveda estaban cerradas. Entonces
ante la desesperación, volvió a morir realmente de un ataque al corazón. De ahí
que se puede apreciar, una estatua de figura lánguida, la representa con una
mano aferrada a la reja o como intentando abrir la puerta.

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