viernes, 7 de septiembre de 2012

Peleados hasta la muerte

Salvador María del Carril, vicepresidente del general Urquiza, era conocido por su dureza. Al parecer su esposa, Tiburcia Domínguez, tenía muchas deudas que pagar. Al enterarse Del Carril, escribe en una carta pública que no pensaba poner ni un centavo de su dinero para ayudar a Tiburcia. Ella se enoja tanto que jura no volver a hablarle nunca más. Ambos convivieron durante 21 años sin pronunciarse una palabra.

Cuando muere Salvador, su esposa lo coloca en una bóveda del cementerio y manda a construir una estatua en la cual él se encuentra mirando hacia el sur.

Pasan los años y, cuando Tiburcia se ve cercana a la muerte, pide que su escultura se encuentre de espaldas a la de su esposo. ¡Eso sí que es estar enojada! ¿Qué hubieras hecho vos?

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